Dando la NOTA


Mientras ayer el cielo sudaba a chorros sobre Madrid yo opté por quitarle los cerrojos a un mundo sonoro desconocido.


Tres músicos, tres instrumentos y tres composiciones me hicieron vagar lo mismo por la Alhambra granadina que por un tango porteño arrebatado. Era mi primera vez, había asistido a conciertos de rock, pop, jazz o incluso de etnias del todo variopintas, pero lo que es en música clásica, lo reconozco, era virgen de los pies a la cabeza.


Eso, claro, hasta ayer.


En el auditorio del Conde Duque, con los ojos abiertos, entornados, con el ritmo fraguado o acelerando a tope mis emociones escuché el sonido puro del violín, la gravedad erótica del violonchelo y la agresividad adictiva del piano. Melodías que retumbaron suaves contra columnas de banderas blancas o como más tarde comprobé ritmos devotos al presto que le levantaban a una la postura de la butaca. Un descubrimiento algo tardío pero sin duda acertado, menudo grifo interno de sensaciones; pasarán los siglos y los ancestros y todavía nadie pondrá en duda la maestría de estos abuelos compositores que supieron germinar como nadie los sonidos y silencios más afrodisíacos.


1 comentario:

janebeta7 dijo...

y pasarán los días y tu estarás mejor. Llenandote de vida y de notas de colores, escribá canalla, vertiendo letras asincronas con belleza exquisita.