Piso para 3


En mi casa vivimos tres, mi pata de jamón, el salmorejo de mi madre y yo. Tres en grupo y siempre tres. Cuando vienen a visitarnos, voy a la cocina, cojo la pata sin carne y la salsa del 88, los llevo al salón y los presento.

Pero esta vez, los nuevos invitados han enmudecido, qué diablos haces con esa salsa de bacterias metida en el congelador y con una pata de jamón que por muy de bellota que sea, ahora es tan verde como la encina que en su día cobijó al cerdo...

Y les miro extrañada, por qué tanta alarma, acaso tendrán razón y estaré perdiendo mis facultades, ¿sería mejor deshacerme de ellos y volver a mi independencia original... ?

Me retraigo y comienzo a pensar... el día a día sin mi salmorejo y sin mi anoréxica pata de jamon... y entonces lo veo claro, ¿tirarlos a la basura como un desperdicio más?, ¿y lo que han hecho por mí?... Ellos... que siempre han estado ahí, lloviese o helase, sonriese o llorase...sin poner nunca una mala cara y sin faltar a una sola cita de sociedad....

Así que miro a mis nuevos invitados y lo dejo bien claro: o ellos conmigo o vosotros sin mí, este salmorejo y esta pata de jamón son mis compañeros, somos tres, y yo sin ellos ya no soy una SOLA, soy una sola INCOMPLETA.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Te has superado!.
Quien sabe si ocurre como en el cuento en el que el sapo se convierte en príncipe ó quien puede precisar si la pata de jamón, el salmorejo y tú estaís pidiendo a gritos a los nuevos invitados que no se marchen...solo tú sabes el sentido pero que bonito saber que todavía existen personas fieles a sus principios.
Eres grande!!!
Mer.