CHAGALL


Hoy mi mirada va por el asfalto, acabo de girar en la calle de los adoquines alfonsinos para atajar y ya entrar por la calle Limón. Me encanta mirar este suelo de los de antes, con sus gruesos cuadrados de piedra dispuestos un poco al tun tun y ahora ya medio derruidos y sin haber sido descamados del todo de su ostia de alquitrán.

- ¿Dónde quedamos?


- En la calle del centro donde te calzan en la planta de los pies un pedazo auténtico de historia…


- ¿Gratis?

- Sí, así que corre que no durará mucho…

Tengo la cabeza lejos del cuello, voy con resaca de barco por esta calle de Madrid, mirando las fachadas, los portales de madera, el fondo del paisaje con esa luz amarilla de pueblo al que le han hecho capital…. y a sólo unos metros, el Ópalo, un barecillo de esos cutre donde tomar una cerveza en este viernes de ocio recién estrenado. Entro y me topo con la dueña, me desagrada desde siempre, su media sonrisa que nunca va ni pa´lla ni pa´ca, sus enormes y montados dientes que siempre están jodiendo para que les mire y en general ese carácter soso y serio por naturaleza que me lleva a sentir cada vez que pasa la misma ignorancia y vacío que si no lo hiciera.

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