CUENTOS Y MANERAS


MAMÍ QUÉ SERÁ LO QUE TIENE EL MERLO

I. Recuerdo cuando cogí ese avión, los momentos previos, en aquel pasillo del aeropuerto al final de la cola de embarque dirección a una fuente sobresaturada de imprevistos. Máquinas de refrescos y aperitivos varios dispuestos a rellenarte de grasa los cuerpos y de vacío la cartera, una llamada, syra desde Londres, enterándose, animándome y como anti guerra de las Malvinas deseándonos una a la otra lo mejor. Un respirar hondo, arrimar bien la mochila a mi hombro, una mirada al ala del avión y el nombre con que la compañía ha tatuado al mismo, Doña Eugenia de Montijo, ni en las huidas oye, le dejan a una tranquila la falsedad de las aristocracias, carajo… A pocos pasos distingo ya con nitidez los movimientos rutinarios de la azafata, arranque de billetito por la parte pespunteada y ala pa’ dentro que nos vamos a cruzar el charco, “cruzar el charco, cruzar, CHARCO charco”, por fin voy a poder saber lo que se siente con esta peregrinación aventurera que me ha dado por hacer.

Mi asiento, 23d, el segundo de una fila de cuatro en medio de un enorme avión, en ambos extremos dos hileras más de parejas felpudas en las que sentar a pasajeros. Todos con su ya correspondiente culo apoltronado sobre sus bases y siendo espectadores del ir y venir de instrucciones de emergencias que estorban, de cascos en la parrilla de salida con mil pistas de música grabadas, miradas indiscretas versionadas en múltiples formas y tiempos, esquinas o tiras de maletas y mochilas dando toques de atención a tu hombro o cóncava del ojo y el pasajero demasiado coñazo que quiere colocar los equipajes del compartimento como un cuadro de Mondrian.

Echo un último vistazo a mi móvil y mando un mensaje que aún no sé que jamás llegará a su destino…

No hay comentarios: