Descubrimiento en Maravillas

El sábado pasado fui a la sala Búho Real a ver uno de esos conciertos en los que te regalan con la entrada un delicioso vuelo nocturno. La cantante con guitarra rojo brillante, un taburete y una gracia natural que no encuentras en ninguna cooperativa ecológica se mantuvo durante dos horas y media al nivel de un Cirano de Bergerac.

Explayada, llana, leída y lo mejor, cercana, mitad concierto, mitad tertulia o ambas cosas a la vez, quien sabe, pero encantadora en cualquiera de los lados. Letras con un contenido filosófico, erudito, enraizado en tierra de cosecha y combinado o improvisado en las dosis justas, me dejó blandita, frágil, adicta a vientre de almohada.

Me maldijo su música, me maldijo su acústico sobre el escenario, me encantó dar rienda suelta a las lágrimas cuando cantó la canción “Imaginarte”, “En un sueño” o cortarme una vena con el tema"Siempre"... y me dominó verme al frente una vez más sobre el escenario de una lechuza tallada en madera. Una noche linda, un sonido envolvente como esa manta de cuando bebé que todavía guardas como un tesoro de barbarroja en el fondo del armario.

Lantana, noche, un sábado…y te vas a casa mecida por la voz anónima de una mujer que regala un extra de mimo sin exigirte a cambio un compartimento de conveniencia.

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