DÉJAME MOJAR AGOSTO CON EL DERRAME DE TUS CADERAS


Vamos a follarnos a las palabras para que una vez que nos prueben, sepan y digan que las lesbianas no somos objetos de deseo de otros sino de nosotras mismas, vamos a hacer de ellas misiles lingüísticos con que bombardear el silencio del sexo lésbico, encañonemos la omisión de hacer del orgasmo un gemido público, gritemos y elevemos pancartas teñidas de flujo y placer desmedido. Vociferemos de una vez por todas que las lesbianas, aunque soterradas en un hilo de voz exiguo, amamos el sexo de la misma manera que el sexo nos ama a nosotras. Dejemos los remilgos para el remilgado y encendamos la luz de nuetro puticlub personalizado para dar rienda suelta a lo que hacemos y esta vez, también hablamos. Se acabaron las dietas de los engaños, expliquemos con mi lengua y con la vuestra lo que todas practican o desean practicar, lo que todas sabemos hacer para echar la persiana del ojo con la extenuación extasiada de haber salido de un polvo desmesurado.
Que nadie se atreva a poner en duda que nuestro sexo vibra tanto como lo hacen los instrumentos de percusión, que no hacemos el amor, él se crea y se arrodilla ante nosotras. Que nadie ose a cuestionar que lo nuestro es un mimo de fémina apocada, un cruce de manos, o una laca de uñas compartida, que ninguno pierda el tiempo en pensar que nos conformamos con poco o que la rutina y pasividad rinden homenaje a nuestra coreografía sexual. Que sepan quienes tengan ganas de saber que aunque la mujer lesbiana ciertamente es seudo invisible y está semienterrada en el letargo del mutismo hace de su sexo su mejor creencia, de su cama su mejor agencia de viajes y de su cuerpo una perfecta armadura de corte lascivo y latex escotado.
Que ninguno gaste saliva de una boca seca para rebuznar prejuicios machistas y asegurar que nosotras, sin los hombres de por medio, no podemos tener un sexo satisfactorio, no sólo existen réplicas y falsificaciones a destajo de lo que se empalma en la virilidad sino que reducir todo a tan poco pone en el asfalto escupitajos de analfabetismo emocional. Digamos de una vez por todas que nos sobran curvas para coger los doscientos por hora, que nos sobran las fuerzas para seguir afilando las tijeras con surtidos de posturas, que sabemos levantarnos las faldas cuando se nos pone en gana y que dominamos mejor que nadie la válvula de los pezones.
Que ninguno de vosotros deje de entender que esta mañana cuando la vi, andando delante de mí, puse mi mirada en vuelo hacia su contoneo, fijándome en sus curvas y batiendo mi deseo carnal e insaciable por todos los agujeros de mi cuerpo. Me acerqué, se acercó, y no nos rozamos, nos atravesamos, me inserté en sus pechos y comencé a lamer sus poros convertidos en una excitación hecha soldado. La toqué, nos tocamos, y miré el labio partido y la mueca corrupta de una mujer que me roba a cada paso el orgasmo, nos fuimos besando en cada una de las esquinas y dejamos las avenidas empapeladas de mordiscos, nos arrancamos la ropa mientras nos masturbábamos con helados de sexo y nos comimos con la ansiedad del más hambriento, nos chupamos y agrietamos, nos apretamos sobre, con, contra, desde y hacia nuestro centro de gravedad y nos frotamos las ganas entre unas sábanas color canela. Nos desplazamos, nos giramos, nos dirigimos como cometa convertida en consolador, nos pusimos boca abajo y boca arriba y dejamos que nuestros troncos echaran raíces en un zeppelín con forma vaginal. Le arrebaté de un mordisco la contraseña clitoriana y a cambio regalé las coordenadas de mis agujeros negros, nos pusimos en rumbo y lubricamos los billetes de nuestras entradas y salidas. Nos adentramos en uno, dos y tres orificios, con mi lengua, con mis dedos, con su juguetería de complementos. Y conseguimos convertir el tiempo en una gloria de gemidos entonados a dos voces y arraigados con la brutalidad de un deseo mil veces retornable. El sudor evapora aromas de bollería recién horneada mientras ella lo utiliza para mancharse el pubis con señales de náufraga extraviada, he cogido el ascensor y en espirales de lengua bífida he bajado a ensanchar las compuertas de sus labios subterráneos. Y es entonces cuando se ha absorvido, comprimido, muerto y resucitado, se ha encogido y clavado en mis manos mientras éstas se adentraban en un túnel de lavado espumado y en un brutal espasmo, ha hecho de su sexo un espectacular corrimiento de tierras lésbicamente movedizas.
Es esto y otro tanto nuestro último encuentro y como éste el de otras tantas miles. Y aunque se hace más palpable con el avance de los cuenta tiempos, sigue la mujer lesbiana haciendo del escondite su mejor práctica de cara al público. Por eso y por ello, no viene mal echarle una mano a la evolución y acelerar el paso afirmando que estamos, que existimos y por supuesto que nos encanta follar.
Y qué quieren que les cuente, estamos en agosto, las temperaturas calientan la sangre y las feromonas se han apuntado a clases de claqué en mi terminal de operaciones. Así que con el celo anudado al bikini ando estos días olisqueando las huellas y resolviendo las incógnitas de su escondite para ir en su busca y reencontrar el placer insuperable de mojar agosto en mis orificios de arena y dejar que ella los empape con el derrame de sus caderas. Mientras tanto señores, deséenme suerte...
Publicado en Zero nº89

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hacer el amor, follar, hacer el amor y follar, follar y hacer el amor, chupar, besar, gozar y hacer gozar, correrse y tener orgasmos, que se corra ella, que se corra ella contigo, que se le corte la respiración y que le tiemble el cuerpo...porque somos mojigatas y putas y nos gusta el sexo, y porque hoy, por fín, después de siglos de silencio podemos ponerle palabras a "eso".... al sexo. Palabras muy bien puestas por cierto...
Y hablando de follar, gracias por el pedazo de polvo que me has echado con este artículo, me has "follado", a parte de otras cosas... la cabeza.

Fdo. una loca cualquiera

janebeta7 dijo...

me gustan las palabras de anónimo, Creo que te habrá follado alguna vez, con las palabras, con el aliento, o a saber!
Anabelita, bien que hayas subido de nuevo este articulo, a ver cuando escribes uno sobre Barcelona, sobre estar lejos y cerca, sobre lo pesadas que son las amigas, tu sigue escirbiendo hija mia, y a anonimo bienvenid@. que parecia una "monologopatia" esto

Anónimo dijo...

Aaaaaahhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!

Anónimo dijo...

Qué te pasa voz anónima con ese grito tan largo y expandido?

Anónimo dijo...

tercera reclamación: dadle a dios lo que es de dios y al césar lo que es del césar