Este fin de semana me he sobresaturado de berrear en el rebaño de las multitudes, un centro comercial, una cola de un cine, un atasco de los que van y vienen del puente. Y yo viéndome con unas lanas de oveja encima que me van fatal para el color de la piel y con un cabreo incipiente por no poder navegar a contracorriente.
Lo último, tener que echar flores en comandilla de desconocidos el día clasificado como “de los muertos”… joder, ni esa intimidad sabemos respetarla. Ahora eso sí, justo después a comerse el pellizquito del dolor tú sola, que para aflojarlo un poquito nunca hay nadie.

1 comentario:

Anónimo dijo...

las mamis siempre están. por lo menos para sus hijos