Club taciturno


He sacado al perro y ahora con él en los pies me convierto en manta de sofá y pliego mis carnes sobre las esquinas y almohadones, hoy vuelvo a quedarme en casa después de una mañana callejera con mi sobrino, ha habido sol y me ha sentado bien para aplacar ciertos pensamientos y serenar las inquietudes. Tumbarse en el cesped, mancharse el pelo de hierbajos, notar el calor en la cara y en las manos, leer el periódico y el dominical de El País... me encantan los domingos aunque el de hoy venga manchado y pida a gritos lejía para dejar todo vacío de color. Ahora, por la tarde, me tumbo, fumo un porrito y me pongo a leer una novela algo borrascosa pero que me ha enganchado, olvido mi presente y me voy a 1846, época dura y precaria en libertades; no como hoy, tenemos espacio de sobra para pensar, gritar y actuar a nuestro antojo pero en parques o en mensajes de móviles porque con sobras de libertad lo que nos falta ahora es una casa donde ponerlo en práctica. ¿Me compraré un piso antes de jubilarme? ¿Me quedaré embarazada antes de tener osteoporosis? ¿Existirá realmente ese amor de verdad que me abrace por las mañanas? Muchas preguntas que el presente, y como inmediato que es, no puede ni sabe contestarme, en cualquier caso también depende de mover este precioso culo y luchar por lo que quieres...pero hoy, y ahora, ni quiero ni tengo fuerzas, estoy perezosa, así que me disculpan que me voy a por un cono de chocolate negro y a leer y no pensar, pasen buena tarde los sociables que yo hoy brindo por el club de los autistas.

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