No me siento bien cuando me debato entre los dos lados de una línea. Me veo andando sobre un muro del ancho justo de mis pies y camino en alto y siguiendo una línea recta sin faroles. Miro hacia el horizonte y no veo final, un sobresalto, una ruptura de este muro que tarde o más temprano terminará por agotar los músculos de mi cuerpo. Te escucho, oigo tu voz allá abajo, me dices que vaya contigo, que confíe en las huellas que dejan tus pies sobre la arena. Mientras, al otro lado, oigo el sonido de máquinas envenenadas que no paran de construir balizas en serie para lanzarlas con saña entre mis piernas. Camino despacio en lo alto, me falta el aire y me late el corazón a ritmo de taquicardia. Te miro y con el orgullo escondido en mis bolsillos te escribo con signos en el aire que tengo mucho miedo, que soy una cobarde.

1 comentario:

cris dijo...

la tristeza es un páramo desierto. el vértigo es el vacio de no tener ni siquiera una cuerda bajo los pies.
el miedo es previo al vértigo y a la tristeza y solo posee la realidad que uno le dé