AFTER SUN MENTAL


Estoy sentada frente al ordenador y frente a una ventana que da al jardín. Una piscina, un conjunto de sillas de playa colocadas como un ágora de temporada y toallas arrugadas por el pataleo de una familia que se apoya y las pisa sin importar cómo o hacia dónde discurren los pliegues de rizo americano de rebajas.

El ordenador me ventila las entrañas, surge la ficción, las intuiciones, demostraciones o invenciones. La ventana en cambio me sirve para coger lo que apetezca y poner base a las anteriores añadiduras ficticias.
Ordenador + Ventana, los dos submúltiplos de un mismo número completo.

Veo un niño que se ha quemado por el sol, no ha debido usar la protección adecuada o bien no se ha impregnado de ella las ocasiones necesarias. Piel quemada. Duele, escuece, pica. Lo conveniente será comprar un after sun y echarse nada más ducharse. Se ha maltratado a la piel y ahora hay que cuidarla con más esmero, hay que devolverla a su equilibrio natural, a la ausencia de dolor.

También veo a una adulta bronceada de forma atractiva, parece tener sin embargo el cerebro quemado. Sus gestos le delatan. Cualquier pensamiento de estos valdría: “Estoy quemada, me quema mi trabajo, mi pareja, me queman mis complejos, la insatisfacción o, mucho más simple, me quema estar quemada”.

Si te pones a observar, ves los paralelismos entre el cuerpo y la mente pero sin embargo descuidamos descomunalmente al segundo, es más, pocas veces tenemos en cuenta sus avisos o peor aún, creemos que somos así o que nos ha tocado y que nada se puede hacer frente a eso. “Me hierven las neuronas, me dejas planchada, estoy frita de escucharte, me abrasas, me pones a mil por hora, estoy al rojo vivo”.

Veo a una adulta bronceada de forma atractiva, parece tener sin embargo el cerebro quemado. Sus gestos le delatan. Es María, de 36 años, casada con Paco de 38. Desenamorada desde hace cuatro y seis sin que le cuente a su marido lo que le molesta de la vida que llevan. La frustración le tiene atada a un delantal de rutina reincidente y pesada pero el miedo a hacerle daño y el dar por hecho que no iba a ser entendida ha sido siempre más poderoso. La desembocadura de estas aguas a contracorriente ha sido la natural, la distancia ha ido cobrando cada vez más fuerza entre ambos y la sinceridad y complicidad sólo se ha quedado en las fotos de los viajes pasados.

Esa es la ironía. En lugar de buscarse un after sun que aliviase sus quemaduras mentales no le ha otorgado ni tan siquiera la posibilidad de una existencia a la curación de su yo, su intelecto y emoción, su karma o llamémoslo X. Cuidamos el cuerpo pero no la mente. Y veo que es un error. Si hay un after sun para la piel quemada también lo hay para el cerebro, para también devolverle a éste su equilibrio natural. Si lo pensásemos creo que encontrarlo sería hasta fácil en cuanto nos percatásemos de la realidad de su existencia.

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