Idas y venidas

Es difícil andar entre la sutileza y la evidencia, sobre todo cuando te ha salido una rozadura en uno de los pies y el peligro de caer en la desvergüenza se convierte en inminente. Y dicho esto me pregunto, ¿qué clase de gilipolleces escribo a estas horas de la mañana? ¿Acaso se me está yendo la pinza, la olla, la cabeza, el perolo y la azotea?
Acaso sea así y acaso me preocupe menos que nada; aunque reconozco que sí pienso que al menos debí ponerle a mi cabeza hora de regreso a casa. Ya me estoy viendo esta noche... Postrada en la contraventana, con el batín y el pelo enmarañado, acusando en exceso el uso del reloj y cagándome patita abajo porque mi racionalidad aún no está de vuelta en casa... Y con estos mundos que vivimos...madre mía... no quiero pensar que pueda pasarle algo...

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