Cojo un plano, un escenario, un banco apartado de cualquier parque; elijo la mesa íntima de un café o los soportales de una galería. Cojo unas vistas para desvestir fachas y fachadas, andamios y repuestos, antifaces y desplantes. Cojo un papel y lo escribo, marco un número y lo defino, escribo un cartel y me convenzo. ¿Acaso los fusiles siempre fueron de mentira?

En un escaparate. Quiero ver la luz ambigua en un escaparate, que me desarme la vanidad y las ganas de no tirar a un enano putero parisino por el cuello de la cisterna.

En un verso. Quiero encontrar en los versos de un libreto la palabra que me explique y dicte una sentencia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

mira a ver, que los enanos puteros parisinos siempre tienen razón. y dibujan a las pelirrojas con las faldas para arriba. que es como deben estar.
siempre te queda la opción de vomitar los regalos a su destinataria