" Yo también a tí "

Con la precisión de un instrumento quirúrgico, sus ojos han hecho sucumbir al dueño de mi latido, ahora mi corazón es torpe y engreído, sólo se esfuerza cuando ella está al alcance de mi mirada. Le pido a mi músculo enrojecido que no se enemiste ahora con la soledad pero es inútil, ha tirado la toalla manchada de sangre y no pasa por sus aurículas y ventrículas poder llevar la vida de antes.
Hoy encolerizado y, contundente, me ha dado un ultimátum. O Daniela está a nuestro lado o me declaro en huelga arrítmica. Vaya sentencia. Lo mismo que tener una espada en la nuca mientras la pared roza mis labios.
Así que visto lo impuesto, me quedo tirada y medio agonizando de un paro cardíaco en cualquier pasillo (de cualquier hospital); o bien, le echo cierta valentía torera y la embisto diciéndole en toda la cara que la amo.
Ya la veo. Comienzo a andar hacia ella. Me tiemblan las piernas, casi tanto como la incertidumbre. Y rezo para mis adentros. Rezo lo poco que aún recuerdo del colegio, repitiéndolo una y otra vez con la misma velocidad que un atleta recorre los 100 metros lisos más determinantes de su vida.

Imagen: Mercé Rodríguez

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