Te di boleto y cómo me gustó...

Joder pero qué bien se está sin trabajar. Coger el coche, largarte de la ciudad y como ahora por ejemplo, recalar en Algorta y verme aquí con un vino de los buenos buenos en una copa de las buenas buenas. Me hallo plácidamente tirada en un sofá, despúes de haber cenado unos pinchos de lujo por el puerto y haber rematado la salida con una sobredosis de aire salino.
Me he dejado mojar de lluvia de arriba a abajo para refrescar ese musgo seco tipo alpargata que traía pegado desde Madrid. Y ahora, como venía diciendo, estoy con mi vino bueno bueno en una copa de cristal buena buena relajándome y disipando mi mente hasta que a ésta le de la gana de tirar la toalla con la almohada. Y mañana, a ver al gran Murakami en el Guggenheim. Misión cumplida casi a punto de que finalice la exposición. Esta vez he logrado que no se me escape.
Buenas noches con una última y merecida calada de marihuana vasca, una mirada camboyana a la ventana y un ritual de mi tribu de neuronas jamaicanas que se han empeñado en celebrar la reciente matanza de la rutina. Qué ganas tenían las pobres de aplastarle la cabeza a las responsabilidades malditas. Qué ganas de pisarle en todo el morro al "sistema monetario". Qué ganas de no oír decir "joder, llevo durmiendo cuatro horas diarias desde ni se sabe" o "mañana tengo que..." o esa frase convertida ya en tic nervioso común: "¡mierda!, otra vez no llego a final de mes".
En resumen que qué buen sabor tiene el tiempo a destiempo. Y... (con mil perdones por las formas), mando al tedio gordo e insaciable que desde hace meses me viene tocando no los cojones pero sí, y mucho, la paciencia a que le den por el mismísimo culo.

1 comentario:

camisón dijo...

al final, saliste huyendo de madrid como todas!!!!óle!