Vivo en verde

Vuelo con mi capa cubierta de césped por la calle. Los pensamientos se cruzan con la ferretería, con el adoquín desinfectándose con agua y lejía, con la bolsa demasiado pesada para que la cargue un viejo encorvado. En la plaza, unos niños hindúes corren alrededor del cerco nublado de una mirada marroquí. Me detengo a mitad de la calle, justo al lado de un perro grande y color negro atado a una señal de tráfico. Le acerco mi mano por debajo del hocico. En seguida, confiado se gira y se tumba boca arriba para que le haga caricias en la barriga. La intensidad en lo simple no se escapa como otras veces. Quizás porque ahora soy yo la perra que ya no se defiende ni evita a los desconocidos que vienen a traerle algo bueno.

1 comentario:

camisón dijo...

y disfrutar de esas pequeñas y grandes cosas!!!
Guau, guau!!!;)