Me sacan al campo, corro tras un balón que rueda dentro y fuera de mi cabeza, sigo y avanzo por todo el lateral, miro a portería, chuto y meto gol. Vienen todas hacía mi, me abrazan y me dan palmaditas en el hombro, me limpio el sudor y exhalo bocanadas arrítmicas de oxígeno. Miro al banquillo y allí estáis todos, con el orgullo clavado en pancartas a la altura de la frente.
Suena la alarma. La apago a trompicones y me levanto de una cama totalmente destapada, miro alrededor y veo que las sábanas están en un rincón con una sospechosa forma de esférico; a mi lado la almohada reivindica a voces su meritoria actuación como pompón protagonista....y mi consciencia... mi consciencia avala la flipadera de una mala jugadora que sueña con que algún día tendrá en la pista de fútbol el dulcificado final de una pelí americana de las malas.

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