Una mes con distorsión en el tablero de juego


La luna llena de diámetro me tiene castigada en la corteza. Y me levanto con el período que llega como siempre con retraso, con el mismo retraso con el que me siento yo respecto a quienes menos quiero sentirlo. No hago llamadas, ni tengo ganas de disparar flechas de atención en las rutinas. Me muevo en un tablero al que no logro sacarle el movimiento oportuno, nadie me ha avisado que de vez en cuando te toman la lección de unas reglas necesarias para seguir victorioso hacia la casilla de salida. Y caigo en un sofá, compartido por carne envasada al vacío, sin habla, vestida con la ausencia de los amores perdidos entre sí, que saben de dónde partieron pero que no entienden porque no les sale el camino de vuelta.
Hablo por teléfono y su sensación de prisa me clava con más ahínco las ganas de seguir siendo una naúfraga en la ciudad. Está todo lleno de gente y de máquinas tragaperras, avanzo, doble apuesta, quiero ganarme la contraseña del pulso de mis pensamientos para dejar de sentirme fuera cuando se supone que al menos en algo sigo dentro.

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