El infierno no era el sol de la playa


Érase una vez la historia de una hija de puta y una santa disfrazada de doble hija de puta que se juntaron conmigo para irnos unos días de vacaciones. Ambas dos habían decidido pasar unas vacaciones frente al mar. Lo habían pensado todo, el destino, la casa, los lugares a visitar, hasta la crema de factor quince que debían aplicarse quince minutos antes de exponerse al sol a las quince horas. Todo preparado dentro de los cánones en que algo puede ser previsto, que para ellas era básicamente todo; el resto, lo sujeto a la intemperie y la imprevisión, no tenía hueco ni sentido; el resto era en sus mentes, obra y ventura de la desgracia divina y les inquietaba, como se inquieta el cristal ante un baño de sol.

2 comentarios:

Lauris dijo...

me gusta. mucho.

Eva Exploitation dijo...

Cristofer me libre de planear mi vida. Prefiero planear en parapente y aterrizar sobre un matorral. Lo previsible me produce úlcera de payasa