Estoy fregando a la puerta de un bar, limpio las baldosas
mientras vacío mi cabeza de pegotes que me exigen raspar un poco.
En la radio suena una canción tranvía, así que decido cogerlo
y me marcho a una calle llamada deseo.
Y veo como te mueves, con las piernas estiradas
sobre una silla de metal,
estás cogiendo una cerveza con una mano y con la otra limpiando
sudor de cebada de tú frente.
Noto esa reacción potente que no viene de laboratorio,
que muere y renace sin permiso de nadie
y renace y vuelve a morir
con el permiso de todo el mundo.
Las púas se me clavan en el estómago
y me ayudan a quitar el último de los pegotes
del azulejo. Apago la radio y salgo a la calle
cerrando con llaves las dos rejas.

Los erizos pinchan hasta que los cocinas para poder comértelos.

2 comentarios:

janebeta7 dijo...

Anabel, si tuviera que elegir uno de tus escritos en el día de hoy sería este. Ahora. Viajando en tranvías que van en cuesta, para arriba, para abajo, fregando pegotes de cobardía y sudando por las paredes epidermicas...


gracias por descorchar tus burbujas.

Anónimo dijo...

a mi tb me encanta. me lo enseñó gon en su facebook que se lo enviaste