Me pongo a mirar las fachadas porque me encanta perderme por ellas, pegarme como un cromo al ladrillo antiguo, discurrir por tuberías tuneadas por el paso de tiempo, colgarme de un balcón para ser liana de los mosquitos, palpar sus puertas de madera altas y grandes, robustas como porteros de una discoteca residencial. Me gusta el centro de Madrid, me siento como en el salón de mi casa, me pierdo y camino con la mirada de los ciegos, sintiendo las imágenes, cambiándome por un rato de realidad. Ahora esta calle viene con tatuaje literario, unos versos de Calderón de la Barca en el suelo, me paro y los leo, y piso la palabra niña para que durante un rato se pegue y me siga animando a no dejar todavía el juego.

1 comentario:

Eva dijo...

Sólo te falta pintar unos cuadros con números dentro, tirar la tiza y saltar, como si protagonizaras El espíritu de la Colmena.. Me gusta.