Sentada en la silla de espaldas al ordenador, noto como unas pinzas de batería de coche pellizcan con sarna mis cervicales. Con la excepción de que ninguna corriente genera aquí movimiento alguno, siento que mi cuello se oprime como una pasa deshuesada. Echo la cabeza hacia atrás como una desnucada de postín y el calambre generado por la persistente postura L un día sí y otro también, hace que grite con fuerza y mayor cabreo que quién fuera ahora la mismísima María Antonieta

No hay comentarios: