Soy una cabeza voladora, una metralleta de palabras, un volcán que eructa canciones con tambores en guerra. Y me sugiero en un bis a bis en mi conciencia, preguntarme si compensa el lado fértil de la locura a cambio de aprehender la calma con el mismo intervalo de tiempo en que uno se quita unos calcetines. No se si son fachadas de cartón piedra pero cuando observo a la gente casi siempre me parecen menos locos, más coherentes y menos asiduos a irse de cañas por quécojonesquierodemivida street.

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