El teléfono sigue sin sonar y yo tengo naúseas y resaca de silencio. Hace bochorno y suda sin parar la piel de mi nuca, no quiero mojarme para no mezclarme con algo que no sale de mi. Miro el vacío entre las dunas de gotelé
y aspiro el olor de margaritas blancas
para calmar el escozor
que tengo desde ayer en los ojos.

El drama dá de comer a las teclas un banquete de corte aristocrático.

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