Me esfumo por los aires con un cargamento explosivo recién comprado en Lavapiés y encomiándome yo a los santos, les ruego entre calada y calada, que el Papa en Compostela se atavíe con esta fumata blanca y vea a Santiago por alguna vidriera reprendiéndole con gran cabreo su notable falta de sinceridad.

No hay comentarios: