Pienso en tus manos, finas, dulces, las coloco enredándose en mi pelo, bajando por mi nuca, andando por mi espalda, escribiendo te quieros con los dedos. Pienso en tus ojos, cómo se clavan por mi frente llenándome las mejillas de tonalidades bermellón. Pienso en tu cintura, en recorrerla despacito por ambos lados para saber reproducirte luego en una clase de alfarería. Pienso en tus labios. En el efecto de tus besos. Pienso en un meteoro volador.

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