- Se ha marchado la rubia de casa. No me quiere, ni un poco Miguel, nada. Le importamos un carajo yo y el hueco helado que ha dejado en su lado de la cama.

- Vamos compadre anímese, los corazones son como las lagartijas, le cortan a uno la cola y lo dejan moribundo. Uno cree que es el fin, que no podrá volver a sentir cómo se menea la sangre. Pero qué va compañero, nada más lejos de la verdad. Las lagartijas regeneran sus colas tantas veces como se las cortan, lo mismito que tu corazón.

1 comentario:

jaimito dijo...

hermosa descripción de las múltiples opciones que el corazón desarrolla para sobrevivir y para seguir bombeando...
tenemos fuerza. tenemos capacidad de regenerar. nos tenemos.
muak