y con una varita mágica defectuosa a raudales,
me desvanecí de mis utopías,
me puse los ojos en las cóncavas,
me abroché a chaqueta
y cogí las llaves del coche,
te miré de cerca por última vez
y al marcharme
puse el contador a cero
para devolverte poco a poco
masa de mi memoria