Le regaló un juego con intención de sorprenderla. Cada vez que abriesen un nuevo bar en Lavapiés, él le mandaría la calle y el número en un mensaje y ella le respondería con qué día y a qué hora estaría allí esperándole. La casualidad, o no, hizo que el incierto obsequio coincidiese con el año de la crisis más negra que se recordaba. Los locales abrían y cerraban con la misma rapidez que sus asiduos encuentros. Al cabo de unos emprendedores y arruinados más, se dieron el sí somos pareja, abandonando con ello el juego de no controlar el tiempo. Se compraron dos pijamas, una centrifugadora de lechugas y un gato. Les creció la barba, se les cayeron las tetas, les regalaron un tándem y montaron un bar retro. Ayer lo inauguraban. Abrieron puertas a las nueve, y mientras un nutrido grupo de amigos desnutridos corría por hacerse con un canapé, una pareja anónima a cualquier mirada, se besaba y metía mano a destajo en un saliente del portal contiguo.


Ilustración: Judith Díaz.

2 comentarios:

Luisa Fernandez dijo...

WALA!!! Muy bien, muy bien, muy bueno.

bataymocho dijo...

¡Genial¡Tus posts son a cual mejor...